Para los que gustamos de profundizar en el Esoterismo y la Magia real, el Misterio con mayúsculas, nos apena observar como se ha generalizado la creencia de que hay que celebrar uno de los eventos celestes más importantes del año, el solsticio de verano en la fecha del 24 de junio, en lugar de la noche del 21 al 22 del mismo mes. Con ello, todos los que quieren creer, erróneamente, que están celebrando la noche mágica, en realidad están siguiendo una táctica de la Iglesia católica que consiguió cerrar la puerta mágica a este ritual de muerte y resurrección astral, descolocándola y dotándola de un cariz santificante a través, precisamente, de una de las tres figuras más extrañas y ocultadas del Nuevo Testamento: Juan el Bautista.
Ya muy pocos celebran, menos aún conforme es debido, la noche del Solsticio, dejando la fiesta e incluso (lo que es peor) las celebraciones mágicas a la noche del 23, rodeándolo todo de una amalgama de fiestas, folclore y mitos que poco o nada tienen que ver con la auténtica celebración.
Hay quienes defienden que lo más importante es celebrarlo, por lo que el día no es fundamental. Se equivocan. En Magia, como en cualquier tipo de espiritualidad, la esencia es lo auténticamente importante, y para que el rito tenga los resultados adecuados que se persiguen, se tiene que concebir y realizar al pie de la letra; de lo contrario, movemos energías, si, pero no las correctas.
Es indudable que en la noche del 23, san Juan, hay miles, sino millones de almas lanzando desarmónicamente y equivocadamente energía al éter. Cierto. Y esto produce resultados. ¿Pero son los adecuados? No.
Además, el folclore popular se ha centrado, casi en exclusiva, en uno de los elementos que se invocan en este rito: el fuego. Pero hay cuatro más, tres elementales mágicos-terrenales y el quinto espiritual. Y de estos, nadie habla.
Sin pretender profundizar excesivamente en el ritual mágico del Solsticio de verano, si pretendemos mostrar cómo debería ser puristamente hablando, trabajando todos los elementales y forzando la posibilidad de transformación, de muerte y resurrección física y espiritual.
El rito consiste en dejar de lado al hombre (por supuesto también a la mujer) viejo y permitir que el nuevo renazca de sus propias cenizas, de ahí el fuego.
En algunos lugares, principalmente costeros, se utiliza también el Elemental Agua, bañándose en el mar; aunque en realidad, una muy pequeña proporción de los que acuden a la fiesta se zambullen en el líquido elemento.
Los pasos del Ritual.
Como en todo rito mágico-espiritual, hay que estar previamente preparado. Nuestro cuerpo, que es un templo, debemos haberlo engalanado previamente: con un ayuno parcial, sólo consumiendo en las 24 horas anteriores fruta, zumos e infusiones, de manera que hayamos podido depurarlo. Por supuesto, está absolutamente prohibido el consumo de drogas: tabaco, alcohol, otras, porque alteran nuestro organismo. Es curioso que la festividad de san Juan, tal y como se lleva a cabo generalmente, va íntimamente unida al alcohol y otras drogas; es un error mayúsculo que producirá un grave perjuicio para el transcurso correcto del ritual y un desarrollo de energía negativa que nos afectará gravemente.
Hay que acercarse al ritual con el templo preparado y con la mente y el espíritu abierto, de manera que podamos ser uno con la naturaleza, utilizar la fuerza de los Elementales, y sentir en nuestra Esencia la magia de la metamorfosis.
Lo ideal es vestir ropa vieja. En el momento de comenzar el ritual, pueden ser las 12 de la noche, pero no es imprescindible, en todo caso, debe realizarse con la Luna presente, nos despojaremos completamente de toda la ropa vieja que llevamos, como símbolo de que queremos hacer morir al Yo antiguo.
Una vez desnudos, nos sumergimos en el Agua para purificarnos, limpiarnos y, lo que es más importante, ahogarnos simbólicamente, hacer el proceso de morir, imprescindible para poder renacer. Muchos, simplemente, se bañan y juegan en el agua. Lo ideal es sumergirte completa y mentalmente (espiritualmente) simulando el ahogamiento También es muy conveniente estar acompañados de manera que nos ayuden a mantenernos bajo el agua hasta que nuestra Esencia sienta que ya “hemos muerto”.
Una vez muertos no renacemos instantáneamente; este es otro error de bulto, incluso entre algunos magos. Cualquier ritual de muerte y resurrección (todos tomados del rito egipcio del Heb Sed) necesita de un período de tres días para completarse. De esta manera, el cuerpo que sale del agua, muerto, no ha renacido aún, se encuentra en un lugar intermedio, no es el Seol, como algunos escatólogos defienden, sino un estado intermedio entre el hombre viejo y el hombre nuevo; el viejo es carnal, decrepito, el nuevo es astral, cuerpo glorioso.
Con este cuerpo muerto procederemos a dejar que el Elemental Aire nos seque, sintiendo el hálito divino a su través, para purificarnos y, principalmente, para que la Vida comience a tomar forma, de nuevo, en nosotros.
Una vez secados, andamos sobre la arena, el Elemental Tierra, tomando conciencia de que estamos en este Plano físico y que volvemos a Él. Es muy importante hacer algún ejercicio de enraizamiento, para evitar mantenernos exclusivamente en el plano etérico, y tomar conciencia con la realidad (aunque no hemos renacido aún; no lo olvidéis)
Tras el ejercicio de enraizamiento, pasaremos al rito del Elemental Fuego. Saltar la hoguera es más que nada folclórico. Se puede hacer, como también andar sobre brasas o, simplemente, hacer un ritual con velas. En todo caso, sea cual sea nuestra elección, es importante hacer una meditación con el Fuego, en la que sintamos la purificación completa de nuestro Yo muerto. No sirve con jugar a saltar una hoguera o encender unas velas, tenemos que sentir como nuestro cuerpo se quema, se incinera (simbólicamente)
Una vez pasado por los cuatro Elementales terrenales, pasaríamos por el Elemental Etérico, a través de una meditación o contemplación.
Por último, procederemos a vestirnos con ropa nueva, de color blanco, el tono de la transformación y la transfiguración; así como un guiño mágico a la Luna.
Por supuesto, aún en el Estado Intermedio, ni vivos ni muertos, continuamos siendo un Templo (quizá más ahora) por lo que continúa absolutamente prohibido el consumo de sustancias que nos dañen: drogas; pudiendo, eso sí, comer y beber con normalidad (sin excesos, porque debemos mantener la pureza y la humildad del Cuerpo Glorioso que estamos esbozando)
Conviene, una vez terminado el ritual, tomarnos un buen tiempo para la meditación.
Los que quieren utilizar el rito para pedir cosas, deben hacerlo durante la fase del Fuego, quemando en este las peticiones, los cambios y la plegarias.
miércoles 25 de junio de 2008
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